CAPÍTULO XXIV: La Canción Psicológica
RESUMEN DE LA EXPOSICIÓN DEL MAESTRO SAMAEL
?Si uno no cometiera el error de
identificarse tanto consigo mismo, la ?auto-consideración íntima? sería algo más que imposible.?
?Escrito está que en el Trabajo Esotérico Gnóstico, sólo es posible el crecimiento anímico mediante el perdón a los otros.?
?El sentimiento de que a uno le deben, el dolor por los males que otros le causaron, etc., detiene todo progreso interior del Alma.?
?Es urgente, indispensable, inaplazable, colocarnos inteligente bajo las influencias maravillosas del Trabajo Esotérico Gnóstico, olvidar que nos deben y eliminar en nuestra Psiquis cualquier forma de auto-consideración.?
?Nosotros decimos que nuestra aburridora canción debe ser eliminada; ésta nos incapacita interiormente, nos roba mucha energía.?
?Una persona impedida por tristes canciones no puede cambiar su Nivel de Ser; no puede ir más allá de lo que es.?
?Comprensión exige el cantante, alguien que lo comprenda, como si fuera tan fácil comprender a otra persona.?
?Sin embargo no todos los cantantes son públicos, también los hay reservados; no cantan su canción directamente, mas secretamente la cantan.?
?Cuando uno está solo, ?Yoes? muy diferentes, pensamientos muy distintos, emociones negativas, etc., se presentan.?
ASPECTOS PRÁCTICOS
Como ya se ha apuntado, en anteriores capítulos, la auto consideración hipnotiza a la Conciencia. Pero, para mayor desgracia, las consecuencias no se quedan ahí: además provoca la pérdida de energía. Existen numerosas situaciones por las que puede evidenciarse la auto consideración.
La sensación de
frustración y de resentimiento por sentirse mal pagado, por considerarse la víctima de todas las injusticias de este mundo, generan tal malestar interior que provoca unos inmensos desánimo y desaliento, capaces hasta de llegar a sumir al humanoide en una profunda depresión.
Otra forma de auto considerarse consiste en la malsana preocupación por lo que los demás piensen de uno mismo. Esta tribulación ocasiona daño a nuestra psiquis, llegando incluso a generar actitudes de crueldad u hostilidad, hacia personas inocentes pero que, arbitrariamente, se juzga como culpables de todos los ?infortunios.?
Dichas situaciones, y otras similares, fortifican a
los agregados hasta el extremo. La amargura interior, generada en esos casos, impide radicalmente el desarrollo interior del Alma.
Quien está sumido en esa coyuntura no advierte que la severidad para con el prójimo constituye un atentado de falta de caridad. Debemos considerar que, quizá en el platillo del ?debe? de nuestra Balanza, exista más peso que en el de nuestro ?haber?. Imaginemos el volumen de nuestras ?deudas? como un minúsculo grano de arroz y contemplémoslo en nuestra mano. Comparemos su insignificancia con la gigantesca montaña que, ante nosotros, representa nuestras deudas. Y lo anterior, sin olvidar que, probablemente, muchos litigios que consideramos deudas, no sean más que producto de nuestra auto
consideración.
Cuando invocamos, en oración, el perdón de nuestras deudas, imaginemos que, si nosotros somos capaces de perdonar aquel grano de arroz, nuestro Bendito Padre, infinitamente Misericordioso, se apiadará de nosotros y tendremos una oportunidad que efectivamente se perdone nuestra montaña. Desgraciadamente, nosotros no solemos perdonar a nadie.
La cruel Ley del Talión, ?ojo por ojo y diente por diente?, es propia del hombre violento. Por el contrario, la Ley de la Misericordia,
de condición más elevada que la anterior, constituye el producto característico del hombre indulgente y caritativo. Como resulta altamente conveniente colocarnos, en la medida de nuestras fuerzas, bajo las influencias de las leyes superiores, nos interesa ejercer, para con el prójimo, siempre la indulgencia antes que la severidad.
Nunca debe olvidarse que las controversias y las disputas entre las personas provienen de los egos, pues los elementos divinales no entienden, ni reaccionan, ante injurias ni ante discusiones.
La cristalización de las actitudes de la auto consideración suelen plasmarse en un canturreo recurrente: la canción psicológica. Si observamos a quienes nos rodean, nos percataremos que la mayoría de las personas cantan una canción propia, característica. Dicha canción, mediante la cual exigen cuentas, también está presente en nuestro interior, a pesar de que para nosotros pueda resultar inadvertida y se manifieste secreta a nuestros ojos. Percibirla y prestarle la debida atención saca a la luz a agregados que, hasta la fecha, vivían de incógnito en el fondo de nuestra psiquis.
Hermanos, percatémonos de que, el mismo hecho de persistir en nuestra fijación de seguir siendo lo que somos, imposibilita que dejemos de ser lo que somos. Es decir, con nuestra conducta centramos nos esforzamos con obstinación en auto impedirnos ascender a un Nivel de Ser Superior. Ello se debe, en buena medida, a que
las canciones secretas impiden la auto realización íntima.
Las asociaciones entre las personas se establecen en función de la afinidad de las canciones psicológicas. Cuando alguien no manifiesta interés en escuchar al cantante, éste comenzará a buscar un nuevo auditorio que escuche atentamente cuanto él manifiesta desde su elevado y preeminente pedestal. Las personas, en general, sintiéndose incomprendidas, persiguen un mundo maravilloso, donde ellas constituyen el adorado epicentro y donde los demás expresan su admiración ante alguien tan excepcional.
Aunque la persona crea que, en determinadas ocasiones, se encuentra sola, esto no resulta ser
cierto. Muy por el contrario, en esos momentos de soledad exterior, surgen los egos más negativos y peligrosos. De la observación, podrá concluirse que, en realidad, se está mucho más acompañado de lo que, a primera vista, pudiese parecer.
Otro apunte destacado por el Maestro Samael, también muy importante, se centra en la cuestión del apego al sufrimiento. Debe reflexionarse en la posibilidad de que, en el fondo, alguien se encuentre muy a gusto con sus agonías y que, en realidad, no desee sacrificar su sufrimiento. No está de más recordar que la observación de la canción psicológica también permite detectar el desconsuelo, es decir, el propio apego al sufrimiento.
Como quiera que esta cuestión resulta de suma importancia, nos vamos a permitir, aun a costa de abusar de su tolerancia, alargar este trabajo, para añadir un comentario sobre el apego al sufrimiento y unas indicaciones prácticas para proceder a su sacrificio.
Una primera consideración a tener presente sería la de no culpar a los demás del sufrimiento particular, puesto que a nosotros mismos, y no a los demás, es a quien debemos aplicar la enseñanza. A nosotros, nos compete solucionar el sufrimiento propio e interior. Lo anterior constituye una realidad incuestionable que sólo pudiera presentar un matiz de excepción: el trabajo del matrimonio perfecto, basado en el ritual del amor.
Interesa sobremanera sacrificar dicho dolor y jamás padecerlo ni sufrirlo. El procedimiento tendente a ello consiste en auto explorar el sufrimiento y hacerle la disección. Quiere decirse que, en primer lugar, se debe apreciar qué duele.
Tras la indicada observación, se llegará a la identificación del autor interno, que no externo, del dolor: el ego es quien produce traumas, complejos, etc. Podemos señalar, a título indicativo, algunos ejemplos al respecto:
* el ego del amor propio. Produce dolor interno, ya que el orgullo se siente herido.
* el yo de la auto importancia. Origina insatisfacción por cuanto suscita pensamientos del tenor siguiente: ?Yo valgo mucho, más que nadie?..
* el ego de la intolerancia. Al no aceptar nada que provenga de los demás, conduce a condenar siempre al prójimo. Recuérdese la parábola de la mujer adúltera. En aquel entonces, ni siquiera Jesucristo se permitió condenar a un semejante.
* el yo de la
murmuración. El estar siempre hablando de los demás constituye un hábito pernicioso, pues resulta altamente perjudicial. Debemos mirarnos a nosotros mismos. Juzgar a los demás, además de hacerse sin autoridad, desenfoca el centro del trabajo interno que deben ser los ?yoes? y no los ?tues?.
Si, con total sinceridad, como no puede ser de otro modo, se concluye que esos yoes, u otros similares, constituyen la causa del propio dolor, y que debe implorarse a la Madre Divina su desintegración para que la fracción correspondiente de Conciencia quede libre.
Mirando la cuestión desde el punto de vista señalado, ha de convenirse que reconocer a los egos resulta muy sencillo, si se presta la adecuada atención al propio sufrimiento.
Quien sea capaz de seguir rigurosamente el procedimiento descrito por el Maestro y, por misericordia divina, se vea libre del dolor, podrá observar que las energías, antes malgastadas, quedan liberadas, percibiéndose la sensación de la paz del corazón tranquilo, la paz interior, al tiempo que aumenta el porcentaje de Conciencia despierta.
Samael recordó, en numerosas ocasiones, que los eventos más dolorosos constituyen precisamente las mejores oportunidades para despertar la Conciencia. Pero aun así, de continuar siempre pegados al sufrimiento, con la actitud propia del ego, no surgirá ni el conocimiento, ni la sabiduría.
Cuando se perciba un enorme dolor, debe localizarse dónde se ubica y a qué ego pertenece. Podemos también señalar un ejemplo:
* un evento ante un insultador, o una manifiesta
injusticia, produce ira o deseo de venganza. Identificada la persona con su represalia, entran en acción muchos egos que, en palabras del Maestro, la introducen, por no tolerarlo, en su determinado país psicológico. Esos yoes serán quienes dicten la recurrente respuesta que invariablemente, en lógica, provocará una acción incorrecta.
* el ofendido debería sacrificar el dolor a través de la meditación y nunca con la mente. En realidad, quien lo insultó es un ego. Debe llegar a comprenderse que uno mismo es otra máquina que posee dentro esos mismos yoes, además de otros, quizá mucho peores, que también reaccionan mecánica e inconscientemente.
* una vez captado el agente
que hiere, debe rogarse, a la Madre Divina particular, su eliminación. Ya al principio, se podrá observar una notable novedad: se cambia el dolor (egoico) por una virtud: la serenidad.
Por último, señalar, sin entrar en mayor detalle, algunos aspectos prácticos que deben practicarse y aprender en relación con el sacrificio del sufrimiento: eliminar esos sufrimientos y no idolatrarlos para despertar Conciencia; sacrificar el dolor para desarrollar la razón objetiva; y, por último, y no por ello menos importante, comprender que los demás no son los autores de nuestros dolores, como tampoco nuestros egos constituyen los responsables de nuestros triunfos.
Recuerda el Maestro: ?Si uno no sacrifica el dolor, no será feliz?.
Nos permitimos sugerir, para el ejercicio, de quien así lo estime conveniente, una práctica de meditación en la que intentaremos percibir, con todo detalle, nuestra canción psicológica, causa predominante de nuestro dolor, tratando de identificar a su agente causal.
Debe percibirse cómo nos mueve a reaccionar inadecuadamente y cómo nos roba energías. Debemos imaginar las nuevas circunstancias amanecidas en nuestra existencia, una vez sacrificado ese negativo
apego al sufrimiento y al dolor que éste provoca.
Todo ello sin dejar de apreciar cómo el recuerdo del pasado, las viejas cuentas, pendientes de perdonar, nuestra arbitraria autodefensa, nos impiden vivir conscientemente y en paz nuestro eterno presente.
?Los peligros más graves para el estudiante son los Médium del espiritismo, los falsos profetas y profetisas y las tentaciones
sexuales..?(V.M. Samael Aun Weor).
Correo Yahoo!
Comprueba qué es nuevo, aquí
http://correo.yahoo.es