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[medicinagnostico_esoterica] bioenergética para sanar a los niños agresivos



Niño agresivo
Realmente todos tenemos un comportamiento que puede considerarse agresivo hacia el segundo y tercer año de vida. Generalmente aparece como respuesta para superar el obstáculo que se nos presenta al no obtener el juguete, el dulce o el comportamiento que queremos de un padre. Son los llamados berrinches o rabietas que prontamente son superados por la actitud de tranquilidad e indiferencia activa de unos padres que evitan ser manipulados.
Sin embargo, hacia los 4 años aparece la verdadera manifestación de agresividad verbal y/o física de los niños que también debería ser pasajera y que es una simple manifestación de nuestra neurobiología evolutiva.
Cuando las manifestaciones agresivas o autoagresivas se mantienen a través del tiempo, aumentan de intensidad y generan dificultades para la integración de los niños debe considerarse buscar apoyo.
Habitualmente la conducta de los padres se orienta a reprender al niño frente a los demás. Es preferible retirar al niño del sitio donde se ha gestado la actitud agresiva que generalmente es durante el juego y, sin regañarlo, explicarle que por esa actitud de agresividad no puede regresar y compartir con sus amigos. El niño debe entender que su actitud agresiva lo llevará a un "aislamiento del grupo" y no a "un regaño por parte de mis padres".
Estas actitudes "socialmente inaceptables" son debidas a la falta del control de sus impulsos. Debemos recordar que el núcleo del control de los impulsos está presente en la corteza del lóbulo frontal, específicamente en la corteza prefrontal. Básicamente lo que este niño requiere es la "la estimulación de ésta zona" cosa que podemos hacer a través del reforzamiento de pautas de comportamiento que iniciden en la maduración del control de los impulsos. Es esto lo que los neuropsicólogos o psicólogos generan a través de las técnicas que enseñan a los padres y educadores del niño.
En medicina bioenergética ofrecemos apoyo a esta tarea de padres, psicólogos y profesores mediante el uso de técnicas que proponden por la maduración del centro de control de impulsos a través de la auriculomedicina, la homeopatía y las esencias florales principalmente.
Es así como diferenciamos las distintas modalidades del niño agresivo para ajustar la técnica terapéutica más acorde con su perfil. A continuación presentaré algunas de las más frecuentes modalidades de niños agresivos:
  • Niño con explosiones de cólera violenta aunque generalmente se le verá como alegre y juguetón. Sin embargo, se trata de un niño rencoroso, a veces cáustico, y quien manifiesta tristezas y penas que son desproporcionadas para el hecho que las pudo generar.
    Niño caprichoso con explosiones de cólera. Se trata, en general, de un niño manipulador con múltiples episodios de rabieta y que se autoagrede cuando no obtiene lo que desea. Durante estos momentos de rabia no permite que se le hable o se le toque. Es curioso que habitualmente este niño una vez obtiene el objeto causa de su rabieta, lo lance al suelo o lo rechace.
    Niño con gran fascinación por el juego y quien durante sus episodios de cólera invoca amenzas de muerte. Se trata de un niño que en en general es pusilánime, insatisfecho, desconfiado y habitualmente tiene frecuentes infecciones supurativas en la piel (abscesos , celulitis, etc).
    Niño a quien el encanta pelear pero quien no es rencoroso. Es habitualmente el líder de su grupo de amigos con quienes tiene episodios cortos de agresividad generadas por la intolerancia a la contradicción. Es impaciente y busca constantemente ser apreciado y por ello hace fácilmente amigos.
    Niño de apariencia débil pero con grandes deseos de ser el primero en todo. La falta de confianza en sí mismo lo hace tener episodios de agresividad verbal, impertinencia y cólera sin que desencadene actos físicos violentos hacia sus compañeros de juego, precisamente por su debilidad. Durante sus momentos de agresividad romperá sus juguetes o el de otros ante la imposibilidad de compartirlos.
    Niño con una particular forma de manifestar su agresividad: lloriqueos continuos en los que manifiesta su inconformidad porque no es querido como el resto de sus amigos o hermanos. Olvida fácilmente sus manifestaciones de llanto cuando es consolado.
Como vemos, hay múltiples formas de manifestar la agresividad y ello configura un perfil especial para cada niño que en bioenergética es fundamental al momento de sugerir una técnica especial de tratamiento. Es por ello que el médico que utiliza éstas técnicas indagará de muchas maneras la particular forma que tiene el niño de comportarse ante la frustración, el dolor físico, el consuelo, la contradicción, la soledad, la noche, la alimentación, etc.


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