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Tratado de Psicología Revolucionaria. Un estudio (Capítulo XVI, ?El Libro de la Vida?)



Estimados hermanos:

¡PAZ INVERENCIAL!

Nos permitimos remitir, dentro del análisis y estudio de la obra del Maestro Samael ?Tratado de Psicología Revolucionaria?, el artículo sobre el Capítulo XVI, ?El Libro de la Vida?.

¡Que la paz sea con todos ustedes!

 

Fragmento del estudio Tratado de Psicología Revolucionaria

(http://es.geocities.com/tibigratias/tpr.zip)

 

CAPÍTULO XVI: El Libro de la Vida

RESUMEN DE LA EXPOSICIÓN DEL MAESTRO SAMAEL

?Una persona es lo que es su vida. Eso que continúa más allá de la muerte es la vida. Este es el significado del Libro de la Vida que se abre con la muerte.?

?Mirada esta cuestión desde un punto de vista estrictamente psicológico, un día cualquiera de nuestra vida, es realmente una pequeña réplica de la totalidad de la vida.?

?De todo esto podemos inferir lo siguiente: si un hombre no trabaja sobre sí mismo hoy, no cambiará nunca.?

?Cuando se afirma que se quiere trabajar sobre sí mismo y no se trabaja hoy aplazando para mañana, tal afirmación será un simple proyecto y nada más, porque en el hoy está la réplica de toda nuestra vida.?

?¡Basta a cada día su afán!?, dijo el gran Kabir Jesús. Auto-observarnos hoy mismo, en lo tocante al día siempre recurrente, miniatura de nuestra vida entera.?

?Cuando un hombre comienza a trabajar sobre sí mismo, hoy mismo, cuando observa sus disgustos y penas, marcha por el camino del éxito.?

?Necesitamos no sólo conocer nuestro día, sino también la relación con el mismo. Hay cierto día ordinario que cada persona experimenta directamente, excepto los sucesos insólitos, inusitados.?

?Resulta interesante observar la recurrencia diaria, la repetición de palabras y acontecimientos, para cada persona, etc.?

ASPECTOS PRÁCTICOS

Se dice que la pereza es la puerta de entrada para los demás vicios. Por tanto, no parece inteligente dejar para mañana lo que pueda hacerse hoy. Esto constituye la ?enfermedad del mañana? que conlleva aplazar ilimitadamente el inicio, o la intensificación, de la labor, dejando expedita la vía de acceso para que el agregado obre a sus anchas.

Quienes aplazan el trabajo sobre sí mismos para mañana, nunca iniciarán su labor porque para ellos siempre será mañana. Disculpas o autoengaños existen por millones. La humanidad se halla tan enfrascada en el mundo de los cinco sentidos, que ni siquiera sospecha que podría independizarse de ellos. Se ha concedido rango de verdad, categórica y axiomática, al concepto de que los sentidos muestran la realidad. Esto motiva que la vida interior, pensamientos y sentimientos, se manifieste  en forma aturdida y anárquica.

Debe ejecutarse el consejo que da el Maestro Samael con el carácter de urgente: trabajar hoy, sin demorar, bajo ningún pretexto, la tarea para un incierto mañana. Lamentablemente, se observa cómo, generalmente, se suele justificar ese aplazamiento por conceder prioridad a otros quehaceres de la vida horizontal, o con la espera de que algo inusitado y extraordinario suceda en la vida.

Recordemos que el Maestro indica que debe observarse el día ordinario, pues ahí se dibuja la réplica de la existencia. Esto, y no ningún acontecimiento espectacular, es lo que conduce, por lo general, al camino del auto conocimiento.

No obstante lo anterior, sabiamente, como no podía ser de otro modo, se cuida Samael de que no se caiga en el concepto, igualmente equivocado y opuesto al anterior: no pretender atacar la totalidad de la tarea en una jornada y que esto pueda conducir al desánimo y, por tanto, al abandono del Camino.

A efectos de la adecuada mesura en nuestras decisión y actuación, interesa citar un pasaje del libro La Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis:

?...¿Qué aprovecha vivir mucho, cuando tan poco nos enmendamos? ¡Ah! La larga vida no siempre nos enmienda, antes muchas veces añade pecados. ¡Ojalá hubiéramos vivido un día bien en este mundo! Muchos cuentan los años de su conversión, pero muchas veces es poco el fruto de la enmienda. Si es temeroso el morir, puede ser que sea más peligroso el vivir mucho. Bienaventurado el que tiene siempre la hora de la muerte delante de sus ojos y se dispone cada día a morir. Si has visto alguna vez morir un hombre, piensa que por aquella carrera has de pasar.

Cuando fuere de mañana, piensa que no llegarás a la noche, no te atrevas a prometer ver la mañana. Por eso estate siempre prevenido, y vive de tal manera, que nunca te halle la muerte desapercibido. Muchos mueren de repente: porque en la hora que no se piensa vendrá el Hijo del Hombre. Cuando viniere aquella hora postrera, de otra suerte comenzarás a sentir de toda tu vida pasada, y te dolerás mucho de haber sido tan negligente y perezoso.?

La propia naturaleza del trabajo interior determina que nadie pueda ejecutarlo por uno mismo. Debe recordarse que todo lo exterior acontece como reflejo de lo interior. Por tanto, no trabajar sobre el interior constituye error. El mundo exterior, propiamente, no existe. Lo único que existe realmente es lo interno.

La vida práctica exige reaccionar continuamente. Todas esas reacciones forman la vida personal. Cambiar la vida consiste en modificar las causas, y, por tanto, no se trata de cambiar las circunstancias externas, sino, por el contrario, en corregir las propias reacciones.

Cuando se inicia el trabajo sobre sí, una de las primeras necesidades que se observan es la  transformación de las impresiones, sucedidas en cada día ordinario, réplica, como se ha dicho, de toda la existencia. Resulta patente mencionar que las impresiones son exteriores y las reacciones, ante aquéllas, son de naturaleza interior.

Lo que verdaderamente interesa es cambiar. Si se pretende lograr esa transformación, se debe empezar por transformar las impresiones. El Maestro señala: ?he ahí la clave para la transformación radical del individuo.? Y ello porque transformar las impresiones de la vida significa perfeccionarse a uno mismo.

Interesa recordar que las impresiones constituyen uno de nuestros tres alimentos, concretamente el asociado al cerebro. La vida es una sucesión de impresiones. Por tanto, su única realidad la constituyen sus impresiones. Si existe dificultad en comprender este sencillo concepto, se debe a la fuerte sugestión e hipnotismo que se padece por el mundo físico.

Las impresiones llegan a la mente a través de los cinco sentidos. De ello, se deduce que la percepción del mundo físico viene determinada por la existencia, y por la calidad, de los sentidos.

Resulta conveniente diferenciar entre la percepción mecánica y la percepción consciente. Ésta sólo resulta posible con el llamado ?Primer Choque Consciente? que, mediante un esfuerzo auto consciente, impide tomar a las percepciones como si fueran la realidad.

Como las reacciones suelen presentar un reiterado inadecuado, la vida presentará un perfil perjudicial: una serie sucesiva de reacciones negativas subsiguiente a las impresiones que llegan a la mente. La tarea consiste en transformar dichas impresiones, de modo que no provoquen esas nefastas reacciones. Pero, para lograrlo, resulta necesario mantenerse en constante autobservación.

Si alguien no modifica sus propias impresiones internas, el resultado mecánico resulta desolador: el nacimiento de nuevos yoes que esclavizan, aún más, a la Esencia, hundiéndola acrecentadamente en su perjudicial sueño.

Pero, además de transformar las impresiones que surjan en el presente, también se precisa transformar las pasadas. Dentro de cada uno coexisten muchas impresiones fruto del error, en el pasado, de no haber sido transformadas. Los resultados mecánicos de las mismas son los yoes que ahora se necesita desintegrar para despertar la Conciencia.

La personalidad recibe y traduce las impresiones de forma limitada y estereotipada, con arreglo a su mecánico proceder, y, para colmo de males, no las transforma. El Maestro Samael la compara con una ?pésima secretaria.?

Si las impresiones fuesen tomadas por la Esencia, resultarían adecuadamente transformadas, ya por el simple hecho de enviarlas a los correspondientes centros de la máquina humana.

Nos permitimos sugerir, para el ejercicio, de quien así lo estime conveniente, una práctica de meditación en la que, antes de dormirnos, se repase los acontecimientos acaecidos durante la jornada. De realizar dicha práctica en sucesivos días, se descubrirá muy fácilmente, la reiteración o recurrencia de las reacciones ante escenas similares que constituyen la síntesis de toda nuestra vida.

Con la adecuada pericia en dicha observación, se distinguirá con notable facilidad, la vida real, las impresiones, de la ficticia e ilusoria, los eventos que provocan aquéllas.

La naturaleza, positiva o negativa, de nuestra existencia dependerá de la distribución de las impresiones que realice nuestra personalidad y no de la calidad de los acontecimientos en sí. Para tomar corroborar este extremo, nos dedicaremos a transformar adecuadamente las impresiones cuando, durante la propia práctica de meditación, surjan nuevas impresiones, interponiendo a éstas la Conciencia.

 



?Los peligros más graves para el estudiante son los Médium del espiritismo, los falsos profetas y profetisas y las tentaciones sexuales..?(V.M. Samael Aun Weor).



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